Homosexualidad
¿Normalizar, tal vez reconciliar o introducir una propuesta ética, en la que se escuche al sujeto…?

Nació así, contaran algunos, es su personalidad nos relataran otros, tampoco faltaran aquellos que dirán que fue a causa de ausencia de sus padres, cuando no de demasiada presencia, no en realidad es que esta predeterminado cromosómicamente replicarán quienes estén a la moda y tengan aires cientificistas, tampoco faltaran los que afirmaran que hay algo en el cuerpo –no están empapados todavía por el discurso genetista-, cuando no en la cabeza (olvidan que esta pegada) aludiendo a algún neurotransmisor, conexiones neuronales, mapeos cerebrales, alguna lesión o quien sabe a que tipo de daño o falla a nivel del tejido se refieran; desconocen que el tejido es un tejido anudado, enhebrado por el lenguaje, por lo simbólico, por la palabra, en consecuencia marcado por aquellos que ya nos nombraban antes de tocar suelo sobre esta tierra, desconociendo que en el organismo tan solo hay tripas…

Hay quienes muchas veces nos convocan a tomar una posición ante hechos que la sociedad actual aprueba cuando no repudia como la homosexualidad y sus diversas conquistas. Nuestra posición no pasa por habilitar o desacreditar estas cuestiones, de hecho, cuando atendemos, “el homosexual-que-quiere-tener-hijos”, “el-homosexual-que-se-quiere-casar”, “el-homosexual-que-quiere-adoptar”, “el-homosexual-que-quiere-…..”, no existe, sí…¡¡¡, no existe, ya que nosotros atendemos a sujetos divididos respecto de su demanda, es decir, escindidos entre las palabras que nunca terminan de decirle quien es, intentos por asir una respuesta que le diga lo que es; dividido entre el enunciado –lo que éste dice, el dicho- y la enunciación –lo que quiere decir-, entre el dicho y el decir, entre lo que sabe que dice y lo que dice sin saber.

No tomamos a la persona que nos consulta diciéndole, pero que bien…, mire usted… no sabe cuanto valoramos su honestidad, su sinceridad, es un gran placer que nos cuente sus apetitos sexuales; simplemente, nos preguntamos ¿a que se refieren con esto?, o sea, se presentan, nos confiesan su homosexualidad, y listo, creo que no habría que ir tan rápido, es decir, ¿podemos darlo por sentado?, a ver, cuénteme un poco mas…. Es así como iremos tratando de situar ¿por que viene?.

Y allí comienza un sin fin de justificaciones y experiencias, ¿lo hacemos por que nos gusta que nos relate sus experiencias sexuales?, no, simplemente la sorpresa se presenta cuando al invitarlos a tomar la palabra, a decir(se), algunos creen “ser homosexuales” por que tuvieron un primer encuentro de niños con su mejor amigo y hace quince años se reprochan, se martirizan, y se preguntan, cuando no afirman: ¿¿¿¡¡¡soy-homosexual¡¡¡???; otro mientras se culpa nos cuenta que soñó que tenia sexo con un compañero de trabajo y la sorpresa llega cuando al despertar, acusa asco, pero no mientras soñaba, a su vez hay otro, que se cree muy hombre, muy macho, pero cada tanto, le place acostarse con algún travesti, aunque dice amar a su esposa y sus hijos; por lo visto, es una cuestión de significado (1).

Cuando hablamos, no todos hablamos de lo mismo, y aquí la historia deberá volver a recorrerse para escribirse, pero esta vez atravesando las ilusorias pantallas del sentido, uno por uno.

La clínica nos muestra que no vasta con tener un cuerpo de sexo masculino para poder posicionarse como hombre, en cambio, las identificaciones, las palabras, goces, deseos, la trama familiar en la cual se constituyo, sí pueden llevar al sujeto en sentido contrario a su sexo anatómico. La identidad sexual, es decir, el ser hombre o mujer es el resultado de un proceso que se llama  sexuación. Entonces aquel que como carta de presentación se nos presenta como “soy-homosexual”, preguntarse ¿Qué lo causara a acentuar su posición en referencia a la elección de partenaire?, de seguro es una característica muy importante de su posición en la vida, al caracterizarse a si mismo por el sexo de la persona con la que se satisface sexualmente.

Podrá esperar de nuestra parte, cambiar su elección sexual, librarse de sus síntomas, inhibiciones, culpas, reproches, angustias, incertidumbres, abandonar posiciones que le resultan ingratas y cuantos otros sufrimientos más, todo en función de lo que él cree se debería a esta elección. A pesar de todo ello para nosotros de lo que se trata es que el sujeto se implique con lo que dice, es decir, que se vincule con lo que nos relata y es allí donde tenemos que confrontarlo no por lo que nos cuenta sino por la posición que toma respecto a esto que nos dice que le pasa; e ir estableciendo allí una condición singular, es decir, veremos si su deseo ira por “normalizar(se)” o “reconciliar(se)” con su elección de partenaire……o quizás sean otros los senderos, no lo sabemos.

No nos ocupamos de dar “solo consejos”, no veo cuales, ni desde que lugar podríamos darlos, aunque muchos creen estar muy seguros y dispuestos a hacerlo permanentemente, son aquellos que promueven la yocracia (2) en detrimento de las determinaciones inconscientes, no es nuestro caso, sino que proponemos el dispositivo discursivo del psicoanálisis, la vía de la palabra; el recorrido consistirá menos en taponar las demandas con respuestas que en tomar sus preguntas, preguntas que podrán ser tomadas o ignoradas, lo cierto es que el camino de la ignorancia tiene un precio y muchas veces este se paga muy alto; permitiéndose aquí que estas preguntas se desplieguen y sean formuladas en su discurso antes de que se precipiten en el cuerpo como síntomas (dolores, malestares de distinto tipo -hay quienes prefieren llamarlo estrés, desconociendo la singularidad de la historia de quien consulta-; actuaciones (escenas destinadas a otro que no oye, que no ve); o pasajes al acto (intentos de suicidio); encontrarse con aquellas significaciones esenciales de la historia del sujeto, aquellos puntos traumáticos, no resueltos en la singularidad de cada historia, tal vez sea la mejor vía para comenzar, no todos por igual.

A diferencia de una confesión en la que se dice lo que se sabe aquí además se dice aquello que se desconoce de si mismo, allí donde aparecen las contradicciones, los mal-entendidos, allí donde el discurso tropieza, se equivoca; ello, no esta oculto, sino que se dice sobre la marcha, sobre la trama del discurso, sobre su superficie, no hay que naufragar en ninguna profundidad; tampoco tendremos bendiciones que brindar, pero podremos contribuir hacia el bien-decir, o sea, propiciar una ética que no es una ética universal, válida para todo el mundo sino mas bien que es una ética de lo particular, bien-decir que no dice donde está el bien, sino que esta vinculado al discurso, no es el decir bonito, elegante si no que se refiere más a un lugar, a una posición subjetiva.

La ética del psicoanálisis ubica las cosas del lado de la enunciación, del lado del sujeto y no del lado de los enunciados, dando cuenta de reconocer el inconsciente que nos habita; el psicoanálisis se orienta en la dirección del inconsciente y para esto hay que estar dispuestos a la contingencia de lo que allí pueda suceder, sin recetas. No es fácil.

(1). Jaques Alain Miller. Perversidades. Pag. 19. Ed. Paidos.
(2). Jacques Lacan. EL Seminario, Libro 17. El Reverso del Psicoanálisis. Ed. Paidos. Pag. 84. 

 

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