MELANCOLÍA

DESDE UNA PERSPECTIVA MEDICO-PSIQUIATRICA

 

Criterios para la especificación de síntomas melancólicos según descripción del Manual Diagnostico y Estadístico de Desordenes Mentales (DSM4).

 

Con síntomas melancólicos: puede aplicarse al episodio depresivo mayor actual o más reciente de un trastorno depresivo mayor y a un episodio depresivo mayor de un trastorno bipolar I o bipolar II sólo en caso de que éste sea el episodio afectivo más reciente.

A- Presencia de uno de los siguientes síntomas durante el periodo más grave del episodio actual:

  1. Pérdida de placer en todas o casi todas las actividades
  2. Falta de reactividad a los estímulos habitualmente placenteros (no se siente mejor, ni siquiera temporalmente, cuando sucede algo bueno)

 B- Tres (o más) de los siguientes:

  1. Una cualidad distintiva del estado de ánimo depresivo (p. ej., el estado de ánimo depresivo se experimenta de forma distinta del tipo de sentimiento experimentado tras la muerte de un ser querido)
  2.  La depresión es habitualmente peor por la mañana
  3.  Despertar precoz (al menos 2 horas antes de la hora habitual de despertarse)
  4.  Enlentecimiento o agitación psicomotores
  5.  Anorexia significativa o pérdida de peso
  6.  Culpabilidad excesiva o inapropiada


DESDE NUESTRA CONCEPCIÓN –PSICOANALÍTICA– PROPONEMOS

Hasta aquí se habrá visto que la perspectiva medico psiquiátrica se trata de una posición fundamentalmente descriptiva; es decir, observa, clasifica, enumera y ordena cuadros.

Tampoco, al igual que la depresión figura entre los conceptos propios del psicoanálisis, sin embargo su uso en el campo analítico merece ser explicado porque es suficientemente particular y suficientemente diferente al de la psiquiatría. Nos encontramos ante una afectación profunda del deseo, ante un enlentecimiento de las funciones psíquicas y motrices, auto-reproches, sentimiento de culpa, absoluto pesimismo.

 

En tanto entidad clínica, participa de la reflexión nosológica freudiana y se define como depresión prolongada y estructural, marcada por una extinción del deseo y un desinvestimento narcisista extremo. En una palabra, es una enfermedad del deseo, constituida alrededor de una perdida narcisista grave.

 

Esta posición subjetiva consiste en una sola palabra: renunciamiento. La melancolía produce el mismo trabajo que el duelo, pero mientras el duelo permite al sujeto renunciar al objeto perdido, para poder así reencontrar su propio investimento narcisista y su capacidad de desear nuevamente, la melancolía, al llevar al sujeto a renunciar, lo lleva a una posición de renunciamiento general, de abandono, de dimensión deseante, dando cuenta en última instancia del fin de la melancolía: el pasaje al acto suicida.

 

Si bien desde las referencias lacanianas no se ha desarrollado una concepción particular de la melancolía, se la ha situado netamente del lado de las psicosis y para marcar la posición de que allí ocupa el sujeto: la del “dolor en estado puro”, la del dolor de existir, lo que hace de la melancolía una de las pasiones del ser.

 

Antes que nada dejaremos en claro que, en psicoanálisis, el -diagnostico-, o más exactamente la -conjetura clínica-, no es por la vía de los síntomas, de una lista de signos pertenecientes a la enfermedad de una persona, sino que será en la covarianza de varios elementos, mediante los cuales trataremos de dar cuenta de una -estructura clínica- que no constituirá las características de personalidad de un individuo, -este tipo de clasificación es la que se encuentra más bien en el manual de psiquiatría (DSM4)-, sino que se hará en el marco de la transferencia analítica e implicará una ética, en que la singularidad no será apresada por las categorías clasificatorias universales, diferenciándonos así de los criterios diagnósticos de la medicina psiquiátrica o cualquier otro tipo de concepción que opere en mencionados términos. En el análisis se invita a decir-se, a que se produzca un saber sobre la causa de lo que le produce padecimiento otra alternativa podría ser el proponerle medicación, píldoras; aunque pienso que la práctica psicofarmacológica fomenta la cobardía moral, callar lo que no se quiere decir, esto último no significa que nos opongamos a la prescripción de medicamentos, esto sería absurdo, dado que algunos casos ameritan dicha prescripción, pero no sin que luego se propicie las condiciones del despliegue de la palabra, del bien decir.

 

Para el desarrollo de algunas de las definiciones del concepto hemos tomado los libros:

 

– Manual Diagnostico y Estadístico de Desordenes Mentales.  (DSM4)
– El diccionario del psicoanálisis. Roland Chemama. Edit. Amorrortu Editores.
– La depresión. La gran neurosis contemporánea. Roland Chemama Edit. Nueva visión.

 

 

 

 

 

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