Psicoanálisis Vs. Psicoterapia
El psicoanálisis no es una terapéutica como las demás…

¿Porqué apostar a este espacio?, habiendo tantos otros caminos ¿Por qué éste?, y no recorrer los senderos de la autoayuda, o alguna de las tantas orientaciones que están de moda, ¿con que razón lanzarse a la aventura del análisis?, ¿por que entrar en un espacio de espera indeterminado propuesto por el analista?, espacio en el que el analizado despliega sus palabras, su saber, sus decires; de lo que se trata cuando un sujeto se embarca en la experiencia analítica y asocia libremente -dice lo que se le ocurre-; lo que se pone en juego, es que no sabe lo que dice ni quien es, aquí comienza a vacilar, a contradecirse, a tropezar en su discurso; al no poder representarse en estos dichos, al no poder estos significantes otorgarles un ser, intenta ser el objeto que le falta al Otro…¿qué soy para vos?, ¿me queres?… -no se si les suena algo de esto- ; en principio y sin aires de mal juzgarlas las psicoterapias se despliegan en función de ideales sociales de adaptación, algunas ante la premura de veinticinco sesiones –limite impuesto por las obras sociales-, ofrecen curas “rápidas”, “focalizadas” con “objetivos”, buscando el dominio de las emociones, el aprendizaje de habilidades sociales; por otro lado también contamos con  el infaltable poder de los laboratorios y el modelo medico hegemónico de los psiquiatras que nos garantiza la cura rápida y segura de un buen psicofármaco -a tal diagnostico tal psicofármaco-, unas vacaciones para reducir el  estrés y listo; en fin, hay un sin número de ofertas terapéuticas destinadas a: el alivio sintomático, ofertas que apuntan a la sugestión, la reeducación de conductas inadecuadas –como un adiestramiento canino-, por que no la gimnasia, las cartas, los astros, los santos, el destino, los otros.

Las psicoterapias hacen uso y abuso de la relación paciente-terapeuta por medio de la sugestión imponiendo un sentido al padecimiento, sugieren que es lo que hay que hacer, que es lo correcto, ubicándose allí en el lugar del amo, del buen dios que le dice a sus hijos como deben ser, que es lo bueno y lo malo, logrando un ejercito de súbditos a imagen y semejanza de éste, quién mejor que el buen dios padre, que mejor que un terapeuta que conoce de la vida y nos la ordena o aconseja como vivirla.

Últimamente vemos, como si fueran vellos cánticos de sirenas, que aparecen discursos que anuncian sus curas rápidas, estructuradas y focalizadas, por objetivos, sin perdida de tiempo, quizás debiéramos preguntarnos ¿qué perdemos cuando nos proponen ganar tiempo?

A esta altura se preguntaran cual será la diferencia ante el terapeuta y el analista, en principio el lugar del terapeuta es el lugar del gran Otro, lugar del amo, con sus ideales, con sus valores, él es quien sabe y nos dice que hay que hacer, por ende su paciente será aquel que obedezca a este, esperando así la dulce aprobación de su amor; este es el poder de la sugestión que la palabra otorga a quien ocupe el lugar de de quien se supone sabe –medico, brujo, psicólogo, tarotista, chaman, analista- etc.

El punto esta en el uso que se haga de este poder, como se opera, desde donde se interviene, el analista apuntara a no identificarse en ese lugar, apuntará al despliegue del saber inconsciente de su analizante, absteniéndose de sus prejuicios, absteniéndose de ofrecerse como ideal a seguir; apunta a las formaciones del inconsciente, es decir sueños, fallidos, lapsus, equívocos, a aquellas otras escenas, allí donde el lenguaje tropieza, patina, el decir se contradice, esas son las manifestaciones que capta y trata de abrir, ese momento en el cual el inconsciente se manifiesta mas allá de las intenciones yoicas del individuo; no se diferencia de una psicoterapia ni por la duración, ni por el uso del diván, sino por la dirección de la cura no de su paciente, es decir, dirigir sin gobernar ni educar. Es así como según la concepción que se tenga, será el sesgo que se imprima en la dirección de la cura.

El psicoanálisis es una experiencia de discurso, discurso que no se reduce a la psicología, ya que el saber al cual esta ultima se dirige es de otro orden. Donde solo el levantamiento del síntoma no basta ya que de no haber modificación de la estructura psíquica pueden reaparecer síntomas, desplazarse hacia otro punto.

Será indispensable que el sujeto encuentre en su análisis la posibilidad de romper con lo que lo hace repetir en su vida, con aquello que mas daño le hace, lo que no conoce de si mismo. Eso si -como decía Lacan- sin pretender hacer héroes, dejándolos en el umbral de su acto; de ahí en mas… serán ellos quienes decidan hasta donde.      

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