Psicoanálisis y Psicofármacos
Solo consumidores….el sueño del capitalismo…

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Equipaz, Tranquinal, Dormicum, Tranxilium…estos son solo algunos de los nombres de marcas comerciales de tranquilizantes, ansiolíticos (derivados de benzodiacepina); nada mejor que un buen nombre para incidir en la propagación cada vez mas expansiva de la industria farmacéutica, práctica valida del uso del significante en la publicidad, -¿quién no creería que, no hay nada mejor para calmarse que tomarse un tranquinal, ni que hablar de un dormicum?- pero aun así hay otra práctica en la que quisiera detenerme, no para endemoniar esta industria, ¿quién seria para hacerlo?, sino para reflexionar ¿en qué métodos se basan estos laboratorios para generar una incidencia en el acto de prescripción en los profesionales de la psiquiatría?, siendo algunos de estos: 

–    Viajes a congresos.

–    Alojamientos en hoteles

–     Almuerzos y cenas

–     Botellas de champagne, agendas y lapiceras

–     Becas a congresos

–     Retornos económicos

¿Quiénes son los que auspician, estos gastos?, los laboratorios, la industria farmacéutica. ¿Esto quiere decir que los laboratorios hay que cerrarlos?, la respuesta es no, un no rotundo,¿quiere decir que los medicamentos no hay que comprarlos, que no sirven?, tampoco, ¿que todos los médicos son solo meros distribuidores, expendedores de los laboratorios?, mucho menos, eso espero, tampoco intentamos negar los avances de la industria farmacéutica y los grandes gastos en los que incurren, mucho menos pretendemos ensuciar la profesión medica por un par de botellas de champagne, agendas y lapiceras; seria un estrago pensar así, pero de echo estos regalitos se hacen. Una vez hechas estas salvedades seria bueno que pensemos, simplemente en las estrategias de venta y de promoción de sus productos.

Esto por parte de los laboratorios y de nuestra parte, dado que tampoco es cuestión de estar siempre responsabilizando a los demás, ya que muchos hemos hecho del consumo de psicofármacos algo mas que un medicamento, que un remedio, hemos subvertido su uso hacia un estilo de vida, muchos otros lo hemos utilizado para así aliviar el malestar, a mi gusto mas que para –aliviar-, para aplacar, aplastar, silenciar, postergar, alienar; nuestros conflictos, decisiones, silencios, responsabilidades, duelos, elecciones, sufrimientos, padeceres, en fin, nuestra subjetividad, nuestra posición como sujetos responsables de nuestros actos, de aquello que hacemos o dejamos de hacer para cambiar; tal vez de esto se trate la salud mental, de cambios, mas que de completo bienestar….., de nuestra disposición a fijarnos en una posición o la responsabilidad para poder cambiar.

¿Que ocurre por ejemplo cuando un niño es medicalizado?, ¿como es leído su padecer?, cuando a pesar de ser denunciado por el niño, y no necesariamente siempre con palabras sino con sus mostraciones, con sus actos. ¿Que ocurre con el sujeto?, aquel que continuará ofreciendo escenas, -en el mejor de los casos, si no media el suicidio en la adolescencia-, en fin mostraciones dirigidas a alguien que parece ser ciego y sordo, que prefiere buscar causas en algún lugar del cerebro, en algún golpe; o también en la presencia cuando no en la ausencia de su padre o de su madre, que a veces trabaja mucho y no esta nunca cuando no es por que trabaja poco y esta siempre encima; o cuando es muy rígido, solo cuando no es demasiado blando…-no, entiéndanlo-, no necesariamente tiene que haber un golpe o vaya uno a saber que cosa buscan en el cerebro,  tampoco de la presencia o ausencia real de padre o madre, y con esto no digo que los padres no sean necesarios, es una cuestión de funciones, de quien cumple una función, el padre bien puede estar en la otra punta del mundo pero su palabra cuando este habla por teléfono es respetada por su mujer y transmitida así una ley hacia su hijo, no es como si su padre tocara la flauta, ya que bien éste podría estar todos los días presente en su casa y bien poco su función ser tomada en cuenta, siendo mas bien un florero pintado, además de poco decorativo, pasado de moda y con unas chinas flores de plástico dentro del hogar…

Hay un párrafo que me gustaría transcribir ya que me resulta muy atractivo (Oscar Lamorgia. Herejías del cuerpo. Editorial Letra Viva. Pág. 22.), respecto a lo que venimos hablando, paso a reproducirlo:

“…El discurso medico impide ver una anatomía que lo desborda, pero que resulta fundamental a la hora de tratar lo que en la patología del cuerpo, es indisociable del poder de la palabra. El orden medico establece razonamientos de la siguiente factura: Existe una co-implicación entre los inhibidores de la enzima monoaminooxidasa y la eventual mejoría de la depresión. Esto implica que en la depresión hay déficit de tales inhibidores. Lo cual es semejante a este otro razonamiento: Un chico tiene un berrinche. El padre le da dos cachetazos y el berrinche termina. Aplicando igual criterio, eso significa que el chico tenia un déficit de cachetazos (¡?) Como se comprenderá, la causalidad solo puede ser entendida en términos complejos, no lineales. Si se deifica el hecho biológico, se instaura un proceso de objetivación del ser humano que conforma la base de cierta explotación…

Un dato para no dejar de tener en cuenta: Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC)

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Para ir finalizando, no quería tampoco dejar de introducir otra cita de un excelente libro: “El gran secreto de la industria farmacéutica”. Editorial Gedisa. Su autor, francés: Philippe Pignarre. Así es como empieza la primera parte del libro: –Pag. 19-

“…Para los países occidentales, y sobre todo para los Estados Unidos, la industria farmacéutica es la joya de la corona capitalista. Es, de lejos, su industria mas rentable: los márgenes brutos giran en torno al 70% y hasta el 90% y, según los expertos (Fortune 2000), su tasa de ganancias promedio es la mas elevada de todas: alcanza el 18,6%, contra el 15,8% de los bancos comerciales, que aparecen en segunda posición, por delante de índices mucho mas bajos para los demás sectores de la industria. En el mundo occidental, el costo total del gasto en medicamentos recetados aumenta cada año del 6% al 20% según países, es decir, a un ritmo mucho mas veloz que el conjunto de gastos en salud…”

Una cuestión interesante que el autor trata en este libro es el interés de la industria farmacéutica para crear nuevas necesidades, allí donde no las hay. Un ejemplo de esto es cuando comenta los anuncios publicados en revistas como Time, por Unimed, un laboratorio farmacéutico estadounidense, filial del grupo belga Solvay. Estos trataban de crear una “nueva enfermedad”: la menopausia masculina. Pero todo esto con severas consecuencias.

Pignarre acusa: “…Debe saberse que el sobreconsumo de medicamentos y la prescripción irracional tienen serias consecuencias: según la red de centros regionales de farmacovigilancia, en Francia todos los años 1.300.000 personas –de las que el 33% se encuentran en estado considerado grave- son hospitalizadas en el sector público a causa de efectos indeseables de un medicamento. Esto representa el 10% del total de pacientes hospitalizados y se estima que provoca unos 18.000 muertos por año (o sea, dos veces más que los accidentes de carretera)…”.

Al fin y al cabo, Philippe Pignarre también fue uno de ellos, ocupo un alto cargo durante 17 años de una multinacional farmacéutica, es por esto que es un autor para no dejar de tener en cuenta a la hora de abordar estos temas.

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