¿…Que (Ser) soy Yo…?

¿…Quién soy, que deseo…?, quién no se ha preguntado, quien no continúa cuestionando, ejercitando esta interrogación aún sobre su identidad, quien no intenta dar un nombre a esta falta-en-ser; pregunta angustiante si las hay, convocar al deseo nos aproxima a la angustia, nos convoca a confrontarnos a su vez con, ¿qué hacemos?, ¿que hemos hecho?, ¿cuál es nuestra parte en los resultados.

A veces me encuentro con algunas respuestas: “…soy aburrido…, …soy histérica…, …soy violento…, …soy bulímica…, …soy homosexual…, …soy torpe…, soy solo…; y la lista créanme que podría continuar, hasta pasar por el incuestionable “…soy así, es mi forma de ser, siempre fui así…”.…Quién soy, que deseo…?, quién no se ha preguntado, quien no continúa cuestionando, ejercitando esta interrogación aún sobre su identidad, quien no intenta dar un nombre a esta falta-en-ser; pregunta angustiante si las hay, convocar al deseo nos aproxima a la angustia, nos convoca a confrontarnos a su vez con, ¿qué hacemos?, ¿que hemos hecho?, ¿cuál es nuestra parte en los resultados.…Quién soy, que deseo…?, quién no se ha preguntado, quien no continúa cuestionando, ejercitando esta interrogación aún sobre su identidad, quien no intenta dar un nombre a esta falta-en-ser; pregunta angustiante si las hay, convocar al deseo nos aproxima a la angustia, nos convoca a confrontarnos a su vez con, ¿qué hacemos?, ¿que hemos hecho?, ¿cuál es nuestra parte en los resultados.

Es su personalidad, dirán algunos, es su forma de ser, señalarán otros, pero en realidad ¿quiénes son  estos sujetos, cuál es la historia que hay en estas presentaciones?, ¿que novela familiar?, ¿que silencios?, ¿que conflictos?, ¿que mitos?, ¿que no dicho?, han forjado a estos sujetos, no lo sabemos, tampoco los tomaremos diciéndole que valoramos y felicitamos su presentación, además ¿cómo darlo por sentado?; cuando unas dirán que «son frígidas» por que con su marido no pasa nada y otras también dirán que son frígidas por que con su marido tampoco pasa nada aunque si con su amante; ¿cómo darlo por sentado? cuando otros dirán que «son homosexuales» ya que cuando tenían siete años se acostaron con un chico, pero a su ves vendrá otro que también se nos presentará como homosexual ya que dice tener fantasías aunque nunca lo hizo con otro hombre y para enredárnosla más, vendrá un último que nos dirá que no se cree homosexual a pesar de tener sexo con tres o cuatro chicos por mes pero como esta casado dice ser un macho bárbaro; por lo visto es una cuestión de significado, y es justamente de lo que sufren quienes vienen a vernos, de esos efectos de significado, pero tan pronto entran a hablar ya no saben ni que significan las palabras.

Qué les ocurrirá a aquellos sujetos que al presentarse definen su posición subjetiva en referencia a su elección de objeto sexual, «…soy homosexual…», es decir, ¿por que se caracterizan así mismos por el sexo de la persona que esperan gratificación sexual?.

Y aquel que nos dice: «…soy solo…», y pasa a relatarnos sus reiterados fracasos para estar con alguien -¿como no serlo? cuando nos enteramos que de niño siempre fue alguien permanentemente abandonado, del que no se quiso nada, del que nada se esperó-.

Nuestra tarea estará en deshacer esos significados, esas inscripciones injuriantes, que si bien le otorgan un ser, éstas no dejan de ser humillantes, nominaciones con las que el sujeto carga y a heredado de otros al estilo de “el gordito de mamá”, nuestra tarea es ofrecer un espacio donde el sujeto despliegue esa relación que ha tenido con ese «Otro histórico» y que se ha ocupado de encarnar y repetir en otros, en sus semejantes, en sus pares, en sus parejas, en fin, en el amor y en el trabajo; al punto de llegar a ver como esa relación tortuosa que tenía con su padre, ahora también la repite con sus jefes, o la mujer ahora devenida madre, que cuando fue hija su propia madre la atiborraba con la papilla asfixiante, y ahora ésta ante el menor movimiento de su hijo produce una serie desarreglos en torno a la alimentación al punto de no dar o dar demasiado, y así podríamos continuar con un montón de ejemplos, ejemplos que seguramente llegarían a buen puerto en aquellos casos en que se de aquella lógica del tiempo en psicoanálisis: el instante de ver, luego el paciente también circule por el tiempo de comprender y finalmente el momento de concluir; no como algunos creen o otras terapias practican, con un yo fortalecido, no con un yo moldeado a imagen y semejanza de nuestros ideales, sino con un cambio de posición subjetiva, para poder así ensayar otras posibilidades…, no ocupando ya ese lugar de objeto que eran para ese Otro, esa especie de muleta servil, ese objeto maldiciente, esa puta, ese resto, puro desecho; esas ofensas, ese maltrato, esas palabras hirientes que lastiman al punto de astillar nuestro sentir, que el Otro nos dirige y que nosotros también asentimos ya sea por la culpa abrumadora que nos invadía, ya sea por temor o por el lugar que teníamos, pero no sin antes deshacer, desgranar esas atribuciones humillantes que seguramente podría permitir experimentar el desarrollo de un análisis bien llevado sumergiendo a nuestro analizante en ese sentimiento de duelo, que tan bien transmite aquella letra de tango cuando dice:

“…si arrastre por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser…”

Es decir: la vergüenza de haber sido, eso que fuera el sujeto como objeto, ese resto, ese desecho, eso que éramos para el Otro, y el dolor de ya no ser, ya que aquél fue un lugar al fin y al cabo, y también dolencia por no tener momentáneamente un lugar donde alojarse, -como tan bien grafica aquella pregunta:…¿quién soy para vos?..-, un espacio donde ocupar un lugar en el Otro, al punto de desconocer quien ser, momento en que se desmantelan, se desbastan esas atribuciones narcisistas mortificantes que lo constituían.  

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